La semana pasada tuvimos unas interesantes charlas de AESLEME  (Asociación para el Estudio de la Lesión Medular Espinal)en las clases de 3º y  4º de la ESO y 1º de Bachillerato. El conferenciante hablaba en primera persona, desde su propia experiencia, del drama de los accidentes de tráfico que  muchas veces se pueden evitar con simples medidas de protección.

Las charlas pretendían sensibilizarnos sobre las malas costumbres que muchas veces tenemos tanto  cuando somos conductores como cuando somos peatones, y sin duda ninguna: cumplió con su objetivo. Nos quedamos impactados ante la realidad: cada año cientos de personas tienen accidentes que afectan a la médula ósea y que provocan parálisis cerebrales de diversa gravedad, pero todas ellas irreparables. Nos hablaban de ponernos el casco en la moto (casco de buena calidad no “el quita multas”, decía), de colocar bien el respaldo del asiento para evitar el latigazo cervical y de ponernos siempre y en todo momento el consabido cinturón de seguridad… el conferenciante nos contó que su accidente se debió a un despiste, y que sus lesiones se agravaron por no llevarlo.

Cuando hablamos de problemas que nos afectan en nuestra vida cotidiana, de concienciación y de tener presentes algunas medidas básicas de convivencia,  no pensamos por lo general en los accidentes de tráfico, pero los datos estadísticos son escandalosos: cada día hay accidentes de personas sanas que de tener un poco de cuidado y precaución podrían salvar su vida. Como nos recordaba, los accidentes no solo afectan a la víctima, sino a todas las personas que le rodean. Además afecta sobre todo a personas jóvenes, que muchas veces, mezclan la mala conducción con hábitos perjudiciales para la salud, como el consumo de alcohol y drogas,  que acentúan las consecuencias negativas de este problema social tan extendido.

Es necesario que veamos la realidad, y sobre todo, que nuestra juventud, deje de pensar en su pequeño mundo  y abra los ojos a lo que sucede a su alrededor: los accidentes de tráfico arrasan vidas, familias, futuros y sueños; y en realidad no es tan difícil evitarlos, solo hay que ser conscientes de que tenemos una responsabilidad como ciudadanos y que está en nuestras manos evitar que este drama siga destruyendo vidas.

 

Paloma Bonillo, profesora de Lengua castellana y Literatura.